!NI UNO MÁS, NI UNA MENOS!

Columna #PeRiPeCiA

Revista Cancuníssimo.com 9 de octubre 2017

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¡NI UNO MÁS, NI UNA MENOS!

En las últimas semanas han sucedido varios eventos que nos han sacudido en todos los niveles, sin embargo, hay mujeres que continúan muriendo sin oportunidad de luchar vivas con la misma fuerza y que no podemos olvidar. El caso más sonado recientemente: el de Mara Fernanda al tomar un Cabify, en Puebla. Esta es mi protesta y mi propuesta:

Ni una acusación más, hacia la víctima que fue violada y asesinada por lo que traía puesto, o por salir de noche y tomar alcohol o viajar sola; el único culpable de un acto violento es quien lo realiza.

Ni un hombre más, que guarde silencio tras su trinchera, todos somos responsables con hechos u omisión. La voz de un hombre valiente replica con fuerza, mientras el silencio ante una injusticia, condona el delito.

Ni un meme más con contenido pornográfico, como el que reenvías a tus amigos, ése que te causó gracia y una leve erección; ése mismo meme que le llegó más tarde al taxista cuando recogió a una joven de noche, en una calle vacía; y se le ocurrió una idea… y esa joven pudo ser tu esposa, hermana o tu hija.
Sexualizar la imagen de una mujer es normalizar una ofensa y está en complicidad directa con la violencia.

Ni una hija más que le tenga que hacer de cenar al hermano mientras éste ve televisión, ni una casa más donde al varón no se le exija que ayude igual que a sus hermanas. Donde ser hombre sea privilegio y ser mujer implique sumisión. El machismo empieza o termina en casa y la igualdad de género también.

Ni un avance más hacia una mujer si ella no quiere. ¡NO, SIGNIFICA NO!

Ni una frase más que socave la fuerza de las mujeres: “corres como niña, peleas como vieja, o lloras como nena”. Porque crecen tus hijos pensando que ser hombre es mejor, lo asimilan tus hijas y asumen el rol. Sólo quien ha visto parir a una mujer y sobrevivir en una sociedad machista, sabe sobre fortaleza.

Cada vez que las mujeres estamos en lugares públicos nos exponemos: cuando vamos a la gasolinera, cuando manejando nos detiene un policía de tránsito o si en los semáforos nos limpian el parabrisas; inequívocamente la mirada de esos hombres se dirige a nuestro escote o a las piernas y nos sentimos vulneradas, hartas e impotentes.
Cada vez que caminamos en la calle y hay un grupo de hombres en la banqueta, preferimos bajarnos y caminar entre los coches, porque es menos arriesgado.
Cada vez que un hombre nos dice un “piropo” su mirada nos desnuda; cuando un albañil nos chifla o en el transporte público nos intimida una mirada penetrante, la reacción más común es bajar la mirada y apresurar la huída.
Y cuando esto nos sucede, duele dos veces: una por ser una agresión tangible y sin castigo que nos tenemos que tragar impotentes, y la segunda porque lastima reconocer que ya se nos hizo normal la violencia en gotero, el ataque constante, la insinuación disfrazada, el albur sutil; la agresión no buscada, el silencio cansado.

Cito a Daphne Fernández del Estado de Veracruz, quien en enero del 2015 fue víctima de violación en el caso de los “Porky’s”, y describe éste mismo sentir, con una frase contundente en su carta abierta: “…me hicieron sentir que era chiquita y que vivía en un mundo de gigantes”.

Queremos un mundo mejor y está en nuestras manos hacerlo, si reconocemos que tenemos gran responsabilidad sobre lo que sucede y que aunque el sistema de justicia y seguridad está fallando, no toda la culpa es del gobierno.

Vigilemos los videojuegos y películas que ven nuestros hijos pequeños, que no tengan contenido violento o sexual, porque la costumbre los vuelve insensibles al dolor ajeno y desaparece la empatía. Y no condonemos las consecuencias de nuestros hijos adultos, si cometieron un delito o si “sólo” fueron cómplices.

Podemos hacer mucho como sociedad participativa, como padres de familia enseñando con congruencia y abriendo canales de comunicación con los hijos, como ciudadanos concientes, como transeúntes alertas, como automovilistas sobrios, como empresarios sin sobornos, como padres presentes; sólo entonces podremos empezar a tener el México que queremos.

Las mujeres nos podemos ofrecer ayuda cuando detectemos situaciones inseguras o de peligro, y dejar de usar palabras que empiecen con “P” para describir a otras mujeres con falda y escote que amanecen sin vida en una zanja, también podemos difundir mensajes de apoyo para crear conciencia y unirnos a la causa y criar hijos con igualdad de libertad y oportunidades.

Y los hombres que reconocen que hay un problema y quieren cambiar ésta realidad, pueden respaldar a las mujeres usando su voz con fuerza, condenando toda forma de agresión; creando conciencia entre otros hombres y devolvernos poco a poco, la seguridad que el machismo, la violencia y la impunidad nos arrebató.
Todos unidos podemos hacer el cambio en nuestras familias y amigos. Tenemos ésta generación para lograrlo.

Ni un hombre más que calle.
Ni una mujer más que muera.

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