LOS HOMBRES NO ME DIERON LA RAZÓN. PARTE I

 

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Columna #PeRiPeCiA, Revista Cancuníssimo.com

15 de diciembre de 2017

 

Me di a la tarea de preguntarles a tres amigos, sobre lo que pensaban del feminismo y la lucha de la mujer por sus derechos, pero sobre todo, quería saber si en este maremoto de estrógenos, había algo que ellos quisieran decir. Si se nos había olvidado preguntarles; si también ellos quisieran igualdad o mayor libertad de algún tipo.

Les pregunté si el hermetismo emocional al que están sujetos desde niños, les impide expresar sus emociones, si seguía vigente el concepto de que un hombre que llora en público es visto como débil, pusilánime o carente de hombría.
“No”. Confesó uno sin chistar, “yo soy bien chillón”.
“Yo lloro cuando voy al cine” admitió el otro.
El tercero me contó que él liberaba las tensiones jugando tenis, o bebiendo cada jueves con sus amigos. “No te preocupes, encontramos maneras para eliminar el estrés”.
No estaba preocupada. Estaba buscando respuestas.

No quedé satisfecha, algo debía haber que quisieran cambiar, no puede ser todo tan fácil para ellos; insistí y expuse la siguiente pregunta:
– Su papel innato de proveedor. ¿Es una carga, una expectativa?
“A veces sí -confesaron dos de ellos. Pero tenemos más oportunidades para conseguir mejor trabajo y mayor salario que la mujer, aparte si ellas trabajaran y cuidaran a los hijos no tendrían tiempo para un cumplir con un empleo de horario completo y demandante”.

El tercer entrevistado, me dijo que él sí. Que él tenía algo que pedir, pero que nunca saldría a marchar a las calles, porque el hombre no tiene que exigir nada a nadie, lo que quiere se lo da. Me quedé fría. Porque era verdad. (1ª. Lección)
Sin embargo, comentó que si se le concediera una petición antes de haber nacido con el género masculino, sería tener la libertad de el “derecho a elegir”. A elegir su rol; que pudiera decidir si quisiera ser el proveedor único o principal de la casa o si pudiera optar, por quedarse a criar a los niños. “No todos nacemos para ser buenos proveedores, ni para competir” me dijo. Los dos inhalamos, hubo silencio. (2ª. Verdad)

Mientras lanzaba mis preguntas al agua, ellos me iban rechazando la carnada. En vez de encontrar agravantes por haber nacido como hombres, sólo podían encontrar ventajas:
“¿Cuándo el hombre es más juzgado que la mujer?” -Me preguntaron.
“Si el hombre tiene una o más amantes es un fregón, no sólo demuestra que es magnético, sino también muy inteligente, porque engañar a una mujer no es tarea fácil. ¡A más mujeres engañadas, más habilidad y ni se diga del reconocimiento social, ya que implica que aunado a todas esas cualidades, además es exitoso en el trabajo, porque no es barato mantener dos casas!”
El segundo intervino y abogó por nosotras: “En cambio, si la mujer tiene amantes se le bautiza con nombres que empiezan con “P”, que suelen ser adjetivos utilizados para describir a una mujer, que hace lo mismo que un hombre promedio. Estos apodos los usan más las mujeres para describir a otras mujeres, ustedes no se ayudan”, me dijo. (Dolió). (3ª. Lección).

Continuaron con lo que parecía una lista interminable de beneficios: “Un hombre adulto que es visto con lujuria por una mujer se siente halagado, en cambio, la mujer se siente amenazada”.
“Un hombre puede ir solo a un bar sin problema, pedir un taxi de noche o irse de viaje sin acompañante y sin miedo. Pero si a dos amigas que viajan juntas les pasa “algo”, es porque viajaron “solas”. (Aquí contuve las ganas de llorar, porque es verdad).

La ruta que había trazado para este cuestionamiento informal, había sido desviada desde el Km 0.
Coincidentemente los tres entrevistados tenían hijas y palabras más o palabras menos, al preguntarles qué futuro les esperaba a ellas me respondieron: “Las cosas han cambiado y evolucionado a su favor, es cuestión de tiempo y paciencia, esperamos que algún día el mundo sea justo con ellas, por que hasta hoy, está hecho para nosotros”.

No me quedo satisfecha. Esta investigación continuará…

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