LAS CICATRICES EXPUESTAS

plato roto kintsugi

Columna #PeRiPeCiA, Revista Cancuníssimo.com, 23 de octubre de 2017

 

LAS CICATRICES EXPUESTAS

Las arrugas, las cicatrices, las heridas del alma, son líneas de vida que nos marcan para siempre, aunque las ocultemos o no las queramos ver. 
Son testimonios indelebles cuando “nos sucede” la vida: del paso del tiempo y la experiencia; de guerra y de victoria. 

Si todos trajéramos las heridas expuestas sería más fácil relacionarnos. Conocer el pasado de las personas e identificar sus áreas lastimadas y su etapa de sanación. Haría más eficiente el proceso de una relación y mejoraría las existentes. Sería menos complicado. O si lo que portamos hablara por sí solo y la corbata de un empresario nos revelara su historial crediticio antes de cerrar un negocio o si nos advirtiera de la dependencia de un hombre con su mamá; y si en las uñas de las mujeres se dibujaran las carencias emocionales, sabríamos cuando es más eficiente correr y cuando es seguro quedarnos.

Entre el maquillaje, los miedos y las mentiras, solemos ocultar nuestra historia pensando que la vulnerabilidad es un defecto y que nos resta, cuando en realidad suma, especialmente porque son pruebas inocultables de honestidady revelan una verdad, (que tarde o temprano se evidencia).

Existe una técnica japonesa que se llama “Kintsugi” originada a finales del siglo XV, que se puede traducir como: “carpintería o reparación con oro”, consiste en restaurar piezas rotas de cerámica, utilizando barniz y embelleciendo las líneas de unión con polvo de oro, plata o platino. La belleza radica en la visibilidad de la herida sanada.
Una vez más, el arte vuelve a emular a la vida, poniendo en evidencia que somos frágiles y que tendremos siempre la opción de reconstruirnos, sabiendo que las heridas son motivo de orgullo y prueba de fortaleza. Siempre tendremos dos opciones ante una expectativa de vida no cumplida: evadir el problema o hacernos responsables de cómo reaccionamos y enfrentar la realidad; he descubierto en ésta ultima opción, la mayor satisfacción.

Después de que se sacudió nuestro país desde los cimientos, ¿qué haremos para reconstruir a México y no olvidar lo vivido? ¿Cómo embelleceremos las cicatrices que nos dejó, si no es permaneciendo activos, participantes y propositivos?
La labor de reconstrucción apenas empieza.

Me gustaría ver un edificio con daños estructurales, restaurado y con las reparaciones visibles, con el “Reglamento de Construcciones” enmarcado en la puerta principal y una bandera de México ondeando en lo alto; un edificio erguido como monumento a la patria, al nacionalismo sin partidos, señalando a la corrupción que nos destruye y como un llamado a no olvidar.
No quitemos el dedo del renglón ahora que la vida cotidiana nos consume, mientras nuestro país nos sigue necesitando.

No olvidemos que todas las cicatrices sanadas fortalecen y al mismo tiempo nos recuerdan:
nuestra mayor debilidad,
nuestra fortaleza,
y gran valor.

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