LA TRASCENDENCIA DE LOS ESPEJOS.

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Columna #PeRiPeCiA.

Revista Cancuníssimo  AÑO 26, NO.295, NOVIEMBRE 2017 

 

Los espejos sirven para reflejar una imagen real o distorsionada, en ambos casos provocan una mirada frontal. Nos suelen encarar en silencio y no es habitual sostenernos la mirada, por lo que somos breves en los encuentros.

Los hay de pies a cabeza: Facilitan la visión del cuerpo completo, no siempre gratificante cuando portamos los lentes del juicio y buscamos en lo imperfecto, la perfección. (De esto, el espejo no tiene la culpa).Se ocultan en trampas disfrazadas de vestidores con cortina, que esperan con paciencia a la siguiente presa fácil que se suele enfrentar con lo que no es y le gustaría ser.

En los gimnasios y las clases de baile pueden ser de piso a techo y con frecuencia son más halagadores, devuelven la imagen de la belleza en movimiento o la recompensa por la constancia y el esfuerzo.

Los espejos de agua: Son los más amables, desdibujan el reflejo tenue, casi inmóvil y sin expectativas. La inocencia y la falta de juicio se permean y logramos vernos reflejados como pintura al óleo, líquidos, sin búsqueda. Un encuentro tan natural y efímero que con la impertinencia de un dedo, desaparece.

Los retrovisores: Nos ayudan a mirar hacia atrás y prevenir posibles accidentes en el futuro. Se colocan en los vehículos terrestres y si son laterales, sirven para calcular distancias y evitar daños innecesarios. Son útiles cuando en la vida es preciso echarse en reversa, que no siempre significa retroceder.

Los que magnifican: Se encuentran usualmente en los baños de hoteles y si se hace vicio atender defectos, es sencillo comprarlos e instalarlos en casa. Ayudan a ver detalles con lupa; van al grano. Autoconocimiento le llaman. También se usan en terapia psicológica.

Los de feria: Son cóncavos y convexos, son surrealismo. Al igual que en la literatura, distorsionan la perspectiva de la realidad. Viajan de lo gracioso a lo grotesco y nos devuelven una óptica totalmente diferente, a veces necesaria para redefinir la propia. Nuestra imagen cambia de acuerdo a la distancia que mantengamos del mismo, igual sucede con los miedos y lo que creemos ser verdad.

Los traslúcidos: Usados en los cuartos de interrogación policial, conocidos como cámaras de Gessel, donde es posible ver a un sospechoso, sin ser visto. Se instalan también en algunas escuelas a nivel preescolar para ver a los hijos interactuar inadvertidos. En los dos casos el anonimato es crucial, se logra conocer mejor a quien se observa, y ambos, son momentos inolvidables para una mamá.

Los de bolsillo: Livianos y con tapas cursis. Regularmente se adquieren por regalo o herencia femenina, lo que les confiere una carga emocional que devuelve una mirada cariñosa. Son útiles tras las inevitables consecuencias que acompañan: a un ojo lloroso, un beso despintado o un taco con cilantro. Una vez adquiridos, se conservan con fidelidad, hasta que las aristas del vidrio roto le hacen imposible cumplir con su misión.

 

Vernos, siempre será trascendental; en el espejo que sea.

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