LA PANZA Y LAS PROFESIONES.

Columna #PeRiPeCiA, Revista Cancuníssimo.com

20 de octubre de 2017

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LA PANZA Y LAS PROFESIONES.

En el área abdominal se concentran las emociones: las mariposas del enamoramiento, el coraje por lo injusto, los nervios ante lo desconocido, el dolor inconmensurable. Es por eso, que cuando el alma duele nos plegamos para llorar o regresamos a la posición fetal; contradictoriamente, lo hacemos también cuando nos doblamos de la risa o para abrazar a un niño pequeño. Según los que estudian los centros energéticos del cuerpo, el chakra central de la energía está localizado en la boca del estómago. No es coincidencia cuando habla entonces, si ya tiene con qué.

Me llama la atención encontrar al estómago muy vinculado con el cerebro y que no es gratuito el que ambos repliquen ciertas funciones: los dos se alimentan, distinguen entre lo que nutre y la comida chatarra, mastican, desmenuzan y digieren, aprovechando al final del proceso, lo que les es sustancial. Por eso se dice que hay lecturas más digeribles que otras, porque se leen con el intelecto pero se sienten en el estómago. No sorprende entonces, que a quien realice algo con pasión se le llame “visceral”.

Muchos escritores que admiro tienen panza. No son necesariamente gordos, pero en su abdomen se concentra mi atención, causándome curiosidad. Lo atribuyo a la posición sedente, a lo innecesario que les resulta el ejercicio para realizar su labor (razón por la que desconfío de los escritores atléticos). El sedentarismo que obliga la acción de teclear o escribir a mano limpia, leer, pensar o meditar; exige acciones que fluyen de forma más natural estando en posiciones cómodas y lo confirmo cuando pienso en la típica estatua de Budha. Hay una quietud mental en la inmovilidad del cuerpo, que parece necesaria para que se active el intelecto, para que la sensibilidad se desconecte de lo externo e inicie el viaje hacia adentro, hacia lo profundo.

Me remonto a la estatua del “escriba sentado” esculpida entre los años de 2480 y 2350 A.C. en el antiguo Egipto, ahora exhibida en el museo de Louvre, y que sin reparo es descrita por Wikipedia como “obesa”. Su labor intelectual no le requería cargar piedras, sembrar campos, ni pintar sobre andamios. La inmovilidad era parte imprescindible de su labor para conservar el pulso firme, la mente atenta y traducir mensajes en jeroglíficos con alta fidelidad.
Hay labores que en movimiento serían imposibles.

Lo que me lleva a pensar si los escritores ya eran gordos desde niños y su profesión obedece a su placer por no ejercitarse y comer con sabor; o si es una consecuencia colateral de la labor que escogieron y el síntoma se desarrolla como respuesta natural. Lo que explicaría por qué en las contraportadas de los libros no figuran fotos de los escritores de cuerpo completo.

Pero luego pienso en el “cuerpo policial” en México y mi teoría se desbanca sola. Tal pareciera que en ésta profesión ser ágil y veloz se convirtió en el requisito menos común, como si para el casting de selección fuera indispensable tener el abdomen distendido para que solo quepa uno en la motocicleta y la incapacidad de perseguir a pie al delincuente no fuera impedimento para conseguir el trabajo. Siendo éste el caso común, su lento andar los obliga a desarrollar otras habilidades para compensar el “handicap”, como la de inventar claves alfanuméricas secretas, con las que alertan a sus compañeros igualmente panzones, que cuentan con la ventaja de estar dos semáforos más adelante para capturar al infractor, “tenemos un 24” se dicen. Quizá de inicio, la capacidad atlética fue requisito básico para ser policía, pero a fuerza de la costumbre, la dieta alta en carbohidratos y la baja oferta del mercado; hasta los reglamentos terminan por convertirse en leyendas urbanas cuando son ignorados por mucho tiempo.

Entonces me sigo preguntando: ¿el monje hace al hábito o el hábito al monje?
¿La posición de quien usa el intelecto para trabajar como músculo primordial tiende a distender el abdomen, o quien es sedentario de inicio, busca labores que no comprometan su estado natural?

Y mientras busco respuestas leo: “El cerebro controla tanto las acciones digestivas como intestinales a través de un nervio llamado “vago”.

Se acabaron mis preguntas.

2 Comments

  1. hahaha ¡muy buena reflexión! Yo creo que es una consecuencia del siempre estar sentado para escribir y cómo ese trabajo absorbe tanto tiempo que no queda mucho para ir al gimnasio. Aunque recuerdo a una mujer que era experta en el zodíaco y me decía que muchos de los creativos tienen una energía expansionista, de querer abarcarlo y descubrirlo todo…por eso muchos tienen una gran panza o son muyyyy altos…¡Quién sabe!
    Saludos!

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