LA NOSTALGIA, LAS PAUSAS, Y LAS COMAS.

 

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Columna # PeRiPeCiA, Revista Cancuníssimo.com

10 de noviembre de 2017

 

LA NOSTALGIA, LAS PAUSAS Y LAS COMAS.

La nostalgia: su raíz proviene del matrimonio del vocablo latín “nostos”: regreso, con el griego: “algia” que quiere decir dolor o pena.
Es la añoranza del pasado, de una época, ser querido o lugar, que nos genera buenos recuerdos y provoca un sentimiento de tristeza por la lejanía o la ausencia. 

Los domingos, los aromas que provienen del horno, las fotos sin tantos pixeles, los aeropuertos; la última página de un libro, los abrazos de despedida, el regreso a casa tras un partido de fútbol y la impostergable navidad; todos, efectivos generadores de nostalgia. También existe un anhelo por la patria entre las personas que han vivido en el exilio, los soldados enviados a tierras lejanas o quienes viven fuera del país por voluntad propia.

Encuentro en los momentos nostálgicos un propósito: nos llevan inevitablemente y de la mano, a la reflexión, y estos tienen gran relación con las pausas, las comas, los suspiros; pero sobre todo con los puntos y final de la vida. Están vinculados estrechamente con el pasar del tiempo y en una vía de dos sentidos: se pueden añorar décadas pasadas, siglos o días, y también se puede desear que éstos momentos se replicaran en el futuro, como si se pudieran estirar.

Hay cosas que me gustaría que nunca cambien, como el valor del dinero y que mil pesos de antes valieran siempre lo mismo, extraño la transparencia de un trato hecho de palabra donde sobraban las firmas y la confianza, y añoro cuando los héroes se convertían en presidentes.
Extraño sentir el placer de escuchar más voces humanas al teléfono, el ser localizable hasta llegar a casa, los coches que duraban toda la vida y no se desechaban por viejos sino que se heredaban por clásicos; que tenían motores simples y reparables a mitad de carretera con conocimientos básicos de lógica y mecánica.
Un suspirar por la existencia de objetos duraderos e insustituibles cuyo valor aumentaba con el tiempo, como los buenos vinos, los paseos a caballo, como las charlas interminables de domingo, que cada día existen menos en ésta época tan impaciente como desechable.

La nostalgia tiene una carga particular, una especie de nube gris intangible que se siente, se respira y permea por los poros y al mismo tiempo tan difícil de arrancarse de la piel. Nos marcan pequeñas dosis de términos de ciclos, despedidas a gotero; ejercicios de soltar, reflexionar y continuar.

A la mejor nos preparan para la reflexión previa a la muerte, la “gran pausa”, que para algunos será un desenlace con puntos suspensivos y para otros un punto y final.

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